Lo primero que piensas cuando falla el paracaídas es en aferrarte a la vida. Suplicas. Incluso pides perdón. Intentas por todos los medios oponer resistencia. Hasta que, resignado, te dejas caer. Y en ese instante te liberas, al fin, de una pesada carga. Inicias un viaje sin retorno hacia un lugar mejor. Pero entonces, cuando el mundo empezaba ya a desvanecerse, el paracaídas decide abrirse. Y te sientes como el ahorcado al que descuelgan a tiempo. Como el náufrago que no deseaba ser rescatado. En definitiva, como el suicida al que devuelven, en contra de su voluntad, a su vacía existencia.
Un placer compartir podio en el concurso de La radio en colectivo con mi compañero Juancho Plaza, finalista con el microrrelato "Amacronismo".



